miércoles, 26 de agosto de 2009
El Detalle - Quinta parte
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― Perdone, ¿Es usted el novio de la señorita Harry?

― Sí, soy yo ¿Qué quieren?

― Sólo hemos venido a hacerle unas preguntas.


Llegó a su destino. Era un edificio precioso, de ladrillo rojo, situado en la parte más cara de Notting Hill. Por la calle circulaban coches de gama alta y por la acera paseaba gente vestida con ropa de primeras marcas. Se acercó al portal y pulsó uno de los botones del telefonillo. En seguida una voz muy familiar contestó, Anne se sintió aliviada y le dijo que era ella y que necesitaba hablar con él. Subió por las estrechas escaleras hasta el segundo piso y allí llamó a la puerta. Un hombre mayor, de unos sesenta años de edad abrió la puerta. Era él, sin duda. Había sido desde siempre el que había llevado las cuentas de la empresa de su padre y ahora llevaba las de Anne, era un gran economista y sabía en todo momento que empresas iban bien, cuando era el buen momento para cotizar en bolsa, en que empresas había que invertir, que acciones debían comprar o vender, y siempre les había salvado de la quiebra. Pero ahora debería ayudarla para hacer todo lo contrario. Anne le contó la situación en la que se encontraba y le pidió suplicándole que la ayudara. El hombre se dio cuenta en seguida por lo que estaba pasando Anne y no dudó en ayudarla. Siempre había sospechado del señor Harry, pero nunca había tenido pruebas, además aquellos bajones repentinos de la empresa no eran normales, menos aún teniendo en cuenta que si se seguían los consejos de aquel hombre nunca deberían tener problemas. Después de una larga conversación Anne cogió su portátil y traspasó millones de euros a diferentes cuentas e invirtió lo que le quedaba en empresas que iban a pique. Ahora sólo debía esperar el resultado y si todo iba bien en unos días podría cerrar su empresa.


Dos hombres sentados en unas sillas enmohecidas negociaban. Se encontraban en un hangar abandonado, cerca de una base militar del ejército de los Estados Unidos. Uno de ellos llevaba una pistola en la mano, más concretamente una pistola del ejército. El otro tenía un rostro muy familiar.

― Quiero que la mates, no importa cómo ni dónde, pero quiero que desaparezca. Ya nos ha causado demasiados problemas. Esa pistola que te acabo de dar es propiedad de un soldado que murió el año pasado así que no podrán identificar al que ha usado el arma, además eso les desconcertará puesto que esa pistola debería estar enterrada con el soldado. Aparte de ese pequeño detalle si no dejas pruebas todo saldrá bien.

― Confíe en mí señor, esa maldita hija de puta pagará por lo que nos hizo.


― No sé muy bien como decirlo, pero la señorita Harry falleció ayer... fue asesinada.

― No... no puede ser... ¿Cómo es posible? ¡¿Quién ha sido el malnacido que la ha matado?! ¡¿Quién ha sido?!

― No lo sabemos aún, pero creemos que usted nos podría ayudar. Necesitamos cierta información sobre la compañía que tenía Anne.

― Ahora mismo me gustaría estar a solas... Marchaos por favor.


Diego

martes, 25 de agosto de 2009
Agradecimiento
Dado que todavía no he acabado la quinta parte de El Detalle (ya está casi acabada, supongo que mañana o pasado la publicaré) he sentido la necesidad de escribir algo, aunque no sabía que. Al ver que llevo 6 meses con este blog y 35 textos escritos me he puesto muy feliz porque por fin he conseguido uno de mis sueños: escribir. Y aunque no escriba tan bien como me gustaría, siento que cada día voy progresando y eso me da fuerzas para continuar. Sé que este blog no lo leen muchas personas, pero no me importa, a esas personas que me siguen aunque sólo sea en ocasiones no puedo más que agradecérselo, porque ser leído es algo muy importante para que pueda seguir avanzando. Se lo agradezco a todos aquellos que me han leído siempre, a los que sólo lo han hecho una vez, a los que han empezado a leerme ahora o a los que dejaron de hacerlo, gracias, mil gracias, sabed que eso significa mucho para mí.
Ahora debo despedirme, hasta mi próxima entrada!
Gracias por todo,
Diego
jueves, 20 de agosto de 2009
El detalle - cuarta parte
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― Señor, por lo que he podido ver, las seis víctimas del incidente de París no aparecen en el registro civil.

― ¿Me estás diciendo que esas personas no existen?

― Exactamente. Aunque he podido averiguar por los vecinos que esos hombres eran traficantes de droga. Lo más curioso es que un hombre que vivía en el edificio de al lado nos ha explicado que estos hombres robaban ellos mismos la droga para luego venderla.

― Se valían por si mismos, como Anne… ¡Eso es! Anne fue aquella noche a hablar con ellos, fue sola, por ello, aquel indigente vio a una sola mujer entrar en el edificio, una mujer que rozaba la perfección, Anne.

No podía dejar de pensar en aquel mensaje. Su mente le daba vueltas y más vueltas, y su corazón se aceleraba cada vez que lo pensaba. Ella siempre había sido una mujer serena y valiente, nunca le había tenido miedo a la muerte, pero esta vez era diferente, un escalofrío le recorría el cuerpo cada vez que alguien la miraba. Al llegar a casa suspiró, aliviada de estar por fin a salvo.

― ¡¿Cómo pudiste?! ¡¿Te has vuelto loca?! Su rostro había cambiado y Anne no pudo más que expresar su terror retrocediendo, asustada, hacia la puerta de entrada

― ¿Q-Qué te pasa? ¿De… de qué me hablas? Preguntó horrorizada.

― Lo sabes perfectamente, desgraciada, tú los mataste. Eran los mejores… ¿Qué vamos a hacer ahora? Tú padre me va a matar.

― ¿Mi padre? Preguntó extrañada.

― Sí, tu padre… ¿Cómo descubriste que esos hombres trabajaban para tu padre y por qué los mataste?

― Yo, yo… Bajó la cabeza, abrió la puerta y salió corriendo. Ya no había ningún lugar seguro para ella en Londres. Corrió y corrió, sin rumbo fijo. Había estado viviendo en una mentira, le habían ocultado siempre la verdad, se habían aprovechado de ella, la habían utilizado. Su trabajo sólo había servido para financiar los negocios de su padre, si había matado a esos hombres era porque quería que su padre no estuviera metido en aquel comercio ilegal, pero en seguida se dio cuenta que incluso su novio estaba metido, todos estaban dentro. La persona que le había dejado aquel mensaje debía de ser un policía, seguramente su padre también tendría a policías de su lado para ayudarle. Estaba sola y a punto de ser asesinada. Retomó fuerzas y decidió, aceptando su muerte, terminar con los negocios de su padre haciendo que su propia empresa entrara en quiebra. Iba a ser un duro golpe para ella también, puesto que había dedicado a ese trabajo muchos años de su vida, pero si quería acabar con su padre no había otro modo. Armándose de valor se dirigió al único lugar de Londres donde la podrían ayudar.

― ¿Por qué mataría a esos hombres?

― Señor, poco después la empresa de Anne quebró, tal vez su novio sepa algo de lo que ocurrió.

― Sí, deberíamos haberle interrogado hace tiempo ya, vamos a buscarle.


Diego
viernes, 14 de agosto de 2009
El detalle - Tercera Parte
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― Se la relaciona con el incidente del gueto de París. Según nos han informado, un mendigo la vio salir del edificio justo antes de la explosión, aunque este hombre desapareció al poco de declarar en comisaría.
― Es cierto, pero no se la pudo acusar por falta de pruebas. Tal vez su muerte esté relacionada con ese suceso, deberíamos investigar a las víctimas de aquel accidente.

A la mañana siguiente, Anne partió hacia Londres para volver con su novio. Debía alejarse de París lo antes posible. No contó con la inesperada visita de la policía en casa de su padre. Preguntaban por ella, así que no tuvo más remedio que salir. La llevaron a la comisaría para hacerle unas preguntas relacionadas con la explosión de aquella noche.
― Señorita Harry, por favor, tome asiento, le dijo uno de los policías que la había acompañado hasta allí. Anne se sentó en la silla, al otro lado del escritorio donde se encontraba el policía que iba a hacerle las preguntas. La puerta se cerró.
― Buenos días señorita Harry, ¿Se ha enterado de lo de la explosión? Le preguntó el policía con tono sarcástico.
― ¿Explosión? ¿Qué ha ocurrido? Preguntó, en un intento de parecer extrañada, Anne.
― Así que no se ha enterado. Se lo contaré entonces, anoche un edificio del gueto de París se derrumbó a causa de una explosión. Murieron seis hombres atrapados entre los escombros.
― ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
― A eso iba, un testigo dice haber visto a una mujer, que según como nos la ha descrito se asemejaba mucho a usted, saliendo del susodicho edificio momentos antes de la explosión. Creemos que esa mujer fue la causante de la explosión, puesto que salió corriendo.
― ¿No me estará acusando de haber destruido ese edificio verdad?
― Yo no he acusado a nadie señorita. Recuerde que todo lo que diga aquí podrá ser usado en su contra. Anne hizo un ademán de ir a hablar, pero se retuvo. Bien, el problema es que no tenemos pruebas que la incriminen directamente en el caso, además su padre dice que estuvo toda la noche en casa así que no podemos retenerla más aquí. Si descubriera algo que nos pudiera ayudar ¿sería tan amable de decírnoslo?
― ¿Puedo irme ya?
― Por supuesto. Aquí tiene mi tarjeta con el número de la comisaría y mi extensión. Espero noticias suyas.
Anne cogió la tarjeta y sin mediar palabra salió de la habitación. Al salir a la calle guardó la tarjeta en el bolsillo de su abrigo, pero al meter la mano encontró un papelito arrugado con una inscripción en él. Decía así: “Le aviso que no va por buen camino, deje de meterse en nuestros asuntos o acabará mal”. ¿Quién había podido escribir eso? Y lo más importante ¿de qué asuntos hablaba?

― Parece ser que cogió un vuelo a Londres ese mismo día.
― Sí, para volver con su novio.
― Creo que ya va siendo hora de que le interroguemos.

Diego
lunes, 10 de agosto de 2009
El detalle - segunda parte
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El sonido de unos tacones reverberaba por el callejón. Su andar era firme y decidido, con cada pisada marcaba un tempo preciso. No se detuvo por nada, ni por el viejo señor que le pidió limosna ni por la asquerosa aparición de aquellas ratas, hasta que encontró la puerta, aquella vieja puerta de hierro oxidado enmarcada en un edificio antiguo y muy deteriorado. Antes siquiera de poder llamar, salió del edificio un hombre robusto y enmascarado que la cogió por el brazo y tras asegurarse de que nadie la hubiera seguido, entraron en el edificio. De aquel lugar emanaba un desagradable olor a putrefacción y a tabaco. El hombre la guió por un oscuro pasillo que desembocaba en una amplia sala. La mujer frunció el ceño. Su expresión no mejoró al escuchar un quejido proveniente de un rincón. Al llegar a la habitación observó con cierta curiosidad como una panda de brutos pasaba el rato alrededor de una vieja mesa rota y carcomida. Estos se giraron y la miraron de arriba a abajo, como si nunca hubieran visto una mujer. Le ofrecieron un asiento pero ella se negó, tenía prisa.
―Mademoiselle por favor, insisto, tome asiento, le dijo uno de los hombres mientras la miraba con expectación. Eso a ella no le gustaba, además, aquel hombre parecía tener un ojo de cristal.
―Merci monsieur, mais je n'ai pas de temps à perdre, mi padre llegará de un momento a otro y no quiero que se dé cuenta que he venido aquí, dijo la mujer mientras ponía un maletín encima de la mesa. Iré al grano, mañana por la mañana un carguero llegará a Normandía, vendrá cargado de heroína, diciendo esto aprovechó para observar la reacción de aquellos hombres, le sorprendió que aquello no les inmutará, tal vez fuera cierto que habían nacido para eso. Quiero que vayáis allí y la robéis. Por supuesto, os llevaréis una gran parte de lo que gane vendiéndola, además os pagaré un adelanto si aceptáis.
El que parecía el jefe del grupo se levantó de la silla. Se acercó a ella y le acarició la cara. Ella no tuvo más remedio que contener su expresión de asco.
―¿Cómo una mujer tan hermosa puede arriesgarse tanto? No me fío de usted, señorita Harry, los ingleses sois todos unos farsantes.
Se alejó de ella y se volvió a sentar.
―Claro que, su padre, siempre nos ha pagado bien.
―Pues yo os voy a pagar el doble. Mi padre ya es mayor y ha perdido facultades, ya no vende como vendía antes. Ahora yo tengo la oportunidad de demostrarle que puedo relanzar nuestro comercio y por eso os pido ayuda, porque sois los mejores. De hecho, si todo sale bien, me gustaría que empezarais a trabajar conmigo.
Aquellos animales se dejaban engatusar por el dinero, era fácil tratar con ellos. Pidieron a Anne que se marchara a la sala contigua para que pudieran debatir sobre la propuesta que les había hecho. La habitación a la que la habían enviado era aún más asquerosa que las anteriores. Habían cucarachas, cadáveres de ratas, nidos de araña y algún que otro excremento animal. Anne no pudo contenerse las náuseas y rezó para que aquel grupo de traficantes se decidiera pronto. Al cabo de un rato, un hombre entró en la sala en la que se encontraba Anne y asintiendo con la cabeza le dijo que aceptaban el trato. Anne les dio los billetes de tren que salían de Paris a primera hora.
―Aquí tenéis los billetes, en cuanto tengáis la mercancía enviadme un mensaje. Tomad este móvil, está marcado el número del teléfono que yo usaré para entrar en contacto con vosotros, si hay algún problema llamad a ese número e intentaré solucionarlo. A la vuelta os esperaré aquí a eso de las siete de la tarde. Buena suerte.
―L'argent madame, dijo el jefe con cara de pocos amigos.
―Sí, lo olvidaba, aquí tenéis cincuenta mil euros y vuestra comisión será del veinte por ciento, ¿está todo bien?
―Parfait. Todo irá bien, no se preocupe señorita, déjelo en nuestras manos.
―Confío en vosotros, y ahora si me disculpáis debo volver a casa.
Dejó el dinero en la mesa, cogió su bolso y salió corriendo de allí. En cuanto pisó la calle una explosión la tiró al suelo. El edificio entero se derrumbó. Se levantó como pudo y abandonó aquel lugar de mala muerte lo más rápido que se lo permitían sus zapatos. Estaba segura de que nadie le daría importancia a aquello, puesto que se encontraba en el gueto de París y las víctimas eran unos desgraciados que, seguramente, no estarían presentes en el registro civil.

(Aquí está la esperadísima segunda parte de esta historia -también deseaba escribir eso :P- siento el retraso, pero a veces las ideas no fluyen jaja espero que os guste ^^)

Diego

martes, 4 de agosto de 2009
El detalle - primera parte
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"¿El crimen perfecto? Eso no existe", dijo con tono burlón el detective a su ayudante. Pero lo cierto era que el asesino no había dejado ni una sola pista. Había borrado su rastro como alguien que borra sus pisadas en la nieve. Era todo tan confuso; la víctima, una mujer de unos veintiséis años de edad, pelo largo castaño, facciones afiladas y labios carnosos y rojos. Una mujer realmente bella que sabía sacarse partido. Llevaba un vestido rojo brillante muy corto y escotado, conjuntado con unos zapatos de tacón de aguja rojos también. En su mano derecha sostenía un bolsito diminuto negro satinado. Era una mujer alta y delgada, con las medidas perfectas para ser modelo. Se llamaba Anne Harry. Vivía en Chelsea con su novio desde hacía dos años. Era diseñadora y contable, además de utilizarse como modelo para probar sus diseños. Sin duda era una mujer de mucho dinero, además de haber nacido en una familia de empresarios de éxito, lo que le había facilitado la entrada en el mundo por el que se había estado moviendo, hasta ahora. Ahora estaba tirada en el suelo, sin respiración, con un agujero de bala en la cabeza. Cualquiera diría que eso era una pista que les podría conducir al arma del crimen, pero la pistola con la que se había disparado aquella bala se encontraba agarrada a la mano izquierda de la víctima. No era un suicidio, eso ya lo habían descartado; si se hubiera pegado un tiro en la cabeza el agujero habría sido distinto, además el cañón del arma habría sido dañado y no habría utilizado silenciador. El arma era una Beretta 92, una pistola semiautomática usada exclusivamente por el ejército de los Estados Unidos y por la policía de otros países. Al registrarla se descubrió que el propietario era un soldado del ejército estadounidense que había fallecido hacía relativamente poco. La causa de su muerte: un infarto fulminante. Además no estaba relacionado con la víctima en ningún aspecto. Lo peor de todo era que sus pertenencias -tanto la pistola, como su ropa- habían sido enterradas con él, o al menos eso era lo que se creía. Estaban ante un caso realmente difícil y para resolverlo tendrían que interrogar a medio mundo, pero había algo que al detective no le cuadraba y era hora de darle sentido.

(Nota del autor -siempre he querido escribir eso :P- aquí tenéis una nueva trama que seguir, tendrá bastantes capítulos, eso no lo dudéis, y esta vez estarán mejor escritos que en mi anterior relato de intriga. Espero que os guste ^^)

Diego
lunes, 3 de agosto de 2009
Una parte de mí
Escribir sobre mí es todo un reto. Y no sólo un reto, es también una pérdida de tiempo, como contar números intentando llegar hasta el infinito. Mi vida se resume en el movimiento de una ola, cuando todo va bien la ola rompe y crea espuma removiendo el interior del agua, las algas, los peces, pero cuando ya no le quedan fuerzas vuelve al mar llevándoselo todo consigo, arrastrando sus penas y pesares. Es tan simple como complejo, y aunque no sea del todo cierto, ahora mismo mi estado de ánimo se ve reflejado en ese movimiento monótono y aburrido. No sé lo que quiero, y cuando parece que lo consigo se desvanece. Lo podría llamar una etapa de transición, pero no serían más que palabras para intentar justificarme; lo que estoy viviendo no se puede describir con palabras, ni con hechos, ni con música o imágenes. Sólo se puede sentir. A raíz de lo que siento, miles de problemas surgen, se desarrollan y me hacen tomar decisiones que nunca pensé que tomaría. Aparecen dilemas que me persiguen, me atormentan y que se acumulan. Al final, cuando lo suelto todo, es como si me hubiera convertido en un maremoto; ya no es una simple ola que rompe en la orilla, ahora son metros de agua que destruyen todo a su paso, dañando a veces cosas de gran valor para mí. Cuando regresa la calma surgen nuevos problemas y el ciclo vuelve a empezar. Ojalá encuentre alguna vez esa calma, para que yo y los que me rodean puedan vivir en paz. Pero es que es tan difícil; la luna seguirá ejerciendo su atracción y las olas nunca acabarán, por eso sólo puedo pedir que esta etapa se acabe, para que, de una vez por todas, pueda ser yo mismo, y aunque siempre hayan obstáculos que saltar no se acumulen y provoquen un desastre que no se pueda reparar.

Una ola sin rumbo

A día de hoy...

Día 10 de noviembre de 2010: Siguen las mini-entradas. Diego

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